El tema de uno de los últimos debates que podemos encontrar tanto en los medios digitales como en los más tradicionales (si bien en estos últimos el debate tiene menor presencia) es si deben los robots pagar impuestos o si por el contrario deben considerarse un activo tecnológico y por tanto no tributar directamente. El debate sobre cómo afrontar la irrupción a gran escala de la robótica y la inteligencia artificial (y la sinergia exponencial que supone dotar de inteligencia a los robots) viene de lejos, pero con las declaraciones de Bill Gates en Quartz y el estudio por parte del Parlamento Europeo (el Informe sobre Personas Electrónicas), con el objetivo de que las máquinas inteligentes paguen impuestos y coticen a la Seguridad Social ha vuelto a ser tendencia.

Un poco de contexto

Existe un innato miedo al cambio, forma parte de nuestra naturaleza. Y no olvidemos que los dos principales mecanismos de aprendizaje de los que disponemos son la imitación y la experiencia. Aprendemos de lo que nos muestran los que tenemos a nuestro alrededor y de nuestras vivencias pasadas, con mecanismos de refuerzos positivos o negativos, etc. Podemos leer la extensa literatura sobre aprendizaje vicario, modelado, etc. y sus procesos atencionales, retentivos, reproductivos….

¿Pero qué pasa cuando nos enfrentamos al aprendizaje por discernimiento? Es entonces cuando se genera un mayor índice de rechazo, incertidumbre y miedo. (Si os interesa el tema podéis buscar los trabajos de Harry Harlow con monos a finales de los años 40). Y es claramente un ejemplo de lo que no tenemos referentes ni experiencias previas fiables de lo que estamos hablando en este post, de la combinación de la robótica y la inteligencia artificial. Podemos hacernos una idea de qué nos puede deparar económica y socialmente, pero no cabe duda de que las hipótesis tienen una fiabilidad muy cuestionable, sea cual sea su posicionamiento.

Y existe también un gran escepticismo sobre nuestra capacidad como sociedad para la adaptación a cambios bruscos. Ya vivimos durante la revolución industrial un gran desajuste social entre la velocidad de modernización social y el bienestar que, bastantes años más tarde, llegó como consecuencia de toda esa revolución. ¿Y no es cierto que estamos ante una situación que provoca temor por su parecido con la revolución industrial cuando pensamos en los puestos de trabajo sustituidos por robots o por sistemas inteligentes? ¿Y no es también cierto que, aunque en cierta manera sí es comparable, no son ni mucho menos predecibles ni el impacto ni la magnitud de las consecuencias?. ¿Cómo nos estamos posicionando para hacer frente al innegable desafío social y económico al que nos enfrentaremos en esta revolución tecnológica? Una de las muchas respuestas que flotan en el ambiente es la que tratamos hoy aquí, ¿Deben los robots pagar impuestos?

Proteccionismo social

Una vía consiste en proteger a la sociedad de las amenazas de la robotización de nuestras fuentes de ingresos. Hace algún tiempo ya disertábamos en IT Think Site sobre qué qué nos deparará en el futuro la AI y la digitalización, y no me cabe duda de que la inteligencia artificial nos ayudará a conseguir una calidad de vida mucho mejor y por supuesto a avanzar de manera exponencial en otras áreas en las que a día de hoy no invertimos el suficiente esfuerzo porque estamos dedicados como sociedad a tareas más industrializables y de menos creatividad.

Como apuntábamos en aquel post, es indudable que para alcanzar nuevas metas a nivel humano y social deberemos apoyarnos en la tecnología y hacer que ésta nos libere de muchas de las obligaciones actuales. El problema está en la adaptabilidad social al cambio. ¿Cómo afectará la pérdida paulatina de empleos, con la consiguiente desaparición de fuentes de ingresos para muchas personas, consecuencia de la robotización y la automatización de procesos mediante sistemas inteligentes?

En el contexto actual, nuestros sistemas de formación y de cobertura social no son lo suficientemente ágiles como para cambiar la capacitación a gran escala, y la masa social expuesta es increíblemente significativa.

La primera vía es proteccionista, gravando económicamente la implantación de los sistemas inteligentes y la automatización con robots. De esta forma que intentaría generar un flujo de financiación para las políticas de regeneración de las oportunidades mediante capacitación, formación, o simplemente políticas subsidiarias. Esta vía también tiene una consecuencia adicional que hace ganar tiempo a la parte de la sociedad menos preparada, ya que el gravar una industria hace que ésta se desacelere, y así decantarse claramente por que efectivamente los robots deberían pagar impuestos.

Liberalización

Otra corriente contraria, defiende también un gran escepticismo sobre la capacidad de la sociedad para gestionar la automatización rápida, pero no aconsejan gravar este tipo de tecnología. Es una rama más académica y menos social, más económica a fin de cuentas.

Un robot es al fin y al cabo un activo empresarial y se supone que serviría a la empresa que lo implanta para generar beneficios que sí serían gravados fiscalmente. No obstante ahí está una de las trampas, es muy posible que esos beneficios, con la complejidad fiscal inherente a una globalización tecnológica y financiera, no generen unos ratios de impuestos comparables con la opción de gravar directamente la implantación de robots y sistemas inteligentes. Todo gira a la incógnita de si el resto de sectores (la mayoría aun por descubrir) que absorban la mano de obra no necesaria por la implantación de estas tecnologías tendrán esa capacidad, y más concretamente la capacidad de absorber a aquellos que perdieron sus oportunidades, no los nuevos trabajadores más modernos, más formados, más capacitados y más tecnológicamente nativos.

Esta teoría de vertiente económica, sostiene también que la robotización abarata los costes y por tanto los precios, haciendo más asequibles los productos a la sociedad y por tanto acelera el consumo y el acceso al estado del bienestar. También defiende que existirán áreas muy importantes, directamente relacionadas con el bienestar de la sociedad que se podrán ver potenciadas por tener una mayor mano de obra dispuesta, su difícil robotización y por su impacto en el ser humano: La investigación, la educación y la salud. Podremos invertir mucho más esfuerzo en educación, salud e investigación, los pilares del avance de la humanidad posiblemente, y esto repercutiría en, como decíamos en el post sobre el futuro de la AI y el Big Data, avanzar otro peldaño en la evolución cognitiva humana.

¿Pero cómo hacer que los desplazados por la tecnología tengan acceso a este estado del bienestar? La teoría se inclina por una redistribución de los ingresos, (aunque yo personalmente tengo mis dudas sobre la viabilidad real, visto cómo funcionamos….), y contener la cantidad de trabajo disponible.

Muchas gracias por tu interés y no olvides compartir con tus redes el artículo. Y esta vez también te pediría que contestases a la encuesta. Una vez leído el argumentario decada opción, ¿por cuál te decantas?

 

Alberto Imedio